Pel seu primer St Jordi.

By in Bebe, LLibres on April 17, 2008

El libro-álbum Olivia es antes que nada una experiencia estética exquisita.

¿Puede un lector (niño o adulto, no importa) asistir como espectador al arte de vivir la infancia con toda la intensidad de que alguien es capaz? Con Olivia, la cerdita-niña, eso es posible.

¿Puede un lector (el que aún no sabe leer, el que hace tiempo que sabe, no importa) comenzar a sentir que tanto puede ser dicho con sólo tres colores (rojo, blanco y negro) aprovechados en toda su potencialidad y delicadeza? Ian Falconer se encarga de que la síntesis cromática se convierta en una multiplicación de sentidos.

Olivia es una niña-cerdita especialmente intensa. En la contratapa, un asterisco aclara al pie que “es muy buena para cansar a la gente”. Todo es llevado a las últimas consecuencias por ella. La vida no tiene límites cuando se trata de moverse, probarse ropa, jugar, gozar del arte (música, plástica, libros, hasta castillos de arena)… Y sus padres-cerdos la dejan hacer, a pesar de su agotamiento, o negocian a favor de su sensibilidad, cuando su derroche de libertad tiene consecuencias sobre su vida infantil o familiar. Esto ocurre cuando, por ejemplo, después de ver en el museo un cuadro del pintor contemporáneo Jackson Pollock, intenta emular su estética abstracta en una de las paredes de su casa. O cuando su madre, después de una leve discusión, termina aceptando que se lleve sólo tres de los cinco libros que Olivia pensaba llevarse a su cama. La visión de las dos, madre e hija, metidas en la cama leyendo un libro sobre María Callas en una imagen en carbonilla que ocupa toda la hoja, es una escena lectora más elocuente que el mejor de los discursos sobre la lectura.

Como un simpático contrapunto, detrás de Olivia, hay un hermanito-cerdo menor que queda en segundo plano, mientras se dedica a imitarla, a admirarla, o a perderse en su mundo todavía demasiado pequeño como para comprender los desbordes artísticos de su hermana.

El entramado de escenas cotidianas de Olivia se sostiene en el arte de expandir textos mínimos con imágenes bellas y sobrias (nunca se ha visto tanta elegancia en una familia de cerdos). Estas imágenes se destacan aún más gracias a un diseño gráfico en el que sobre un fondo blanco sin marcos ni límites parece flotar esta ficción tricolor.

La economía del código escrito y su variada ubicación en el espacio de la hoja refuerza el carácter poético de esas palabras que parecen extender sus alas hacia la expresión plástica.

Cuando se cierra la última hoja de Olivia de Ian Falconer se siente una irresistible tentación de volver a empezar: es uno de esos libros que, como dice Italo Calvino, nunca terminan de decir lo que tienen que decir.

Recomendado a partir de los 4 años.

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